
Mira al horizonte y los ojos se hacen un mar cuando le piensa. Es pura felicidad. No se atreve a definir lo que es, pero sabía que era una eternidad esperándole. No le quiere perturbar pero le urge encontrarse en un abrazo, una y otra vez.
Cuán difícil es una aproximación. Pero no se sabe qué sorpresas le tenga a uno reservado el mañana. A veces los mañanas se han convertido en el dulce y cotidiano andar de todos los días.
Pase lo que pase y bajo cualquier condición prometeran que: "...esté con quién esté, esté dónde esté, habite dónde y con quién habite, ese lazo entre ambos lo cuidarán".